como quien apaga las luces una a una,
sin ruido,
sin drama,
solo una neblina suave,
Unos te seguían llamando,
y tú les mirabas con ojos que ya no sabias quienes eran.
Cada día ellos perdían un pedacito tuyo:
tu risa clara,
tu oración de cada día,
tu mano firme,
la receta de la huancaína,
el nombre de tu nieta,
el rostro de tu madre,
la canción "cada domingo a las doce"
Y aun así… seguías aquí.
Tú seguías en la fragancia del perfume
en el vestido anaranjado con flores coloridas,
en el calor que aún guardaba tu silla,
en ese hueco enorme...
¡Ay! Alzheimer...
ladrón silencioso,
nos robaste a la madre,
a la hija,
a la abuela,
a la amiga,
a la vecina,
a la maestra de nuestra vida,
poco a poco,
pero nunca pudiste robar el amor,
ese amor que sigue latiendo por Luzmila,
ese amor terco, y vivo...
Hoy te abrazo en el viento,
mi recordada Luzmila
ya no tienes que recordar
ahora, yo recuerdo por las dos.



