Te fuiste tan despacio,
como quien apaga las luces una a una,
sin ruido,
sin drama,
solo una neblina suave,
como quien apaga las luces una a una,
sin ruido,
sin drama,
solo una neblina suave,
que se llevaba cada nombre de los que amaste.
Unos te seguían llamando,
hija,
esposa,
mamá,
abuela,
y tú les mirabas con ojos que ya no sabias quienes eran.
y tú les mirabas con ojos que ya no sabias quienes eran.
Cada día ellos perdían un pedacito tuyo:
tu risa clara,
tu oración de cada día,
tu mano firme,
la receta de la huancaína,
el nombre de tu nieta,
el rostro de tu madre,
el nombre del hombre que amaste,
la canción "cada domingo a las doce"
la canción "cada domingo a las doce"
que entonabas cuando tus quehaceres te afligía.
Y aun así… seguías aquí.
Y aun así… seguías aquí.
Tú seguías en la fragancia del perfume
en el vestido anaranjado con flores coloridas,
que guardaba el armario,
en el calor que aún guardaba tu silla,
en ese hueco enorme...
en el calor que aún guardaba tu silla,
en ese hueco enorme...
que dejaste cuando partiste del todo.
¡Ay! Alzheimer...
ladrón silencioso,
nos robaste a la madre,
a la hija,
a la abuela,
a la esposa,
a la amiga,
a la vecina,
a la maestra de nuestra vida,
poco a poco,
pero nunca pudiste robar el amor,
ese amor que sigue latiendo por Luzmila,
ese amor terco, y vivo...
a la amiga,
a la vecina,
a la maestra de nuestra vida,
poco a poco,
pero nunca pudiste robar el amor,
ese amor que sigue latiendo por Luzmila,
ese amor terco, y vivo...
que en cada recuerdo se logró salvar.
Hoy te abrazo en el viento,
mi recordada Luzmila
ya no tienes que recordar
ahora, yo recuerdo por las dos.
Y te amo… por siempre.
