6 jul. 2012

A mi Maestros


Hoy recuerdo a cada uno de mis maestros, que en el transcurso de tomar conocimiento, formaron mi espíritu de analizar, de investigar, de leer; pero especialmente recuerdo a los primeros, mis padres: don Jorge Sánchez y doña Eusebia Espinoza.
Para estas fechas, desde el jardín, aprendí una copla que me enseñara mi maestra Pilar; ella tenia una auxiliar Clara; fueron las dos primeras personas que sembraron conocimientos en mi; luego vendría mi maestro Raúl Moscol Frías, a quien desde la transición (hoy primer grado) me hizo declamar:

Ya se leer!
Que alegría
que gran placer,
viva la vida, ya se leer
soy pequeñita pero aprendí
en poco tiempo todo este bien.
Que Dios bendiga a mi maestro,
para que siga sembrando el bien,
que por la vida siempre hallará
niños que anhelan...
¡SABER LEER!

Hoy creo que ahí fue el inicio de mi vida, en la preocupación de la educación, en ser parte del apoyo para enseñar a otros a leer, aunque mi vocación estaba muy lejos de ser educadora. Hasta hoy mantengo el criterio de que los maestros son los seres que pueden emular a Cristo, puesto que van dejando su amor y semillas en cada niño que tienen a su cargo. Los hay buenos y otros malos, pero como suele decirse: de todo encontramos en esta viña.
Pasó tan rápido mi educación primaria con dos maestros: uno de poco tiempo, porque recuerdo una larga lucha del SUTEP, donde por castigo cambiaron a los maestros, y me toco el maestro Oviedo. Pensé que me libraría de los recitales, pero no fue así;  más si cambio para ese año la poesía y fue:

Al Maestro!
Mi madre me da la vida,
mi padre da el sustento,
y el maestro de la escuela,
cultiva mi entendimiento.
A mi maestro querido,
que me da su ciencia,
su cariño y su cuidado,
con infinita paciencia.
Le ofrezco mi gratitud
y mi cariño sin cuento,
porque llena de belleza,
a mi pobre conocimiento.

Esta bella etapa en la educación inicial y primaria, cinco maestros que no he de olvidar, Pilar, Clara, Raúl, Oviedo, Segundo Preciado, este maestro fue el de educación psicomotriz, con él aprendí box, fútbol, básquet, a correr, aprendí que del deber nace el derecho, que jamás el derecho se pide de rodillas, siempre de pie y con dignidad, pero con razón; muchos te dirán cosas pero tú, siempre de pie; si te equivocas hay que reconocerlo, pero eso no significa bajar la cabeza ni arrodillarte, la lucha solo se da cuando el dialogo se haya agotado en todos los campos, y esa lección fue porque le di un gancho zurdo a un compañero que era abusivo con nosotros sus compañeros de clases, hoy es mi gran amigo y está en Talara.
Así llegó la secundaria, algo distinto ver entrar en un mismo día a varias profesoras, unas monjas y otras seglares, sí llegue al en ese entonces era el único colegio de mujeres “La Inmaculada”, recuerdo a mis tutoras, Manuela Hidalgo, Alicia Lazo, Grecia Fernández, Irene Alvarado; el curso que me diera y da hasta hoy dolores de cabeza, creo que nunca aprenderé a escribir correctamente ahí fue que tuve a mi profesora de la que tome el nombre de Ireth Isildr una española que tengo grabada su imagen delgada, cabellos claros bien peinados la señora Amparo, mis profesoras de Lenguaje Haydee, Olga, Elvira, las profesoras de matemáticas,  concursos ganados y hoy se me es difícil multiplicar un número de cinco cifras, sí ellas supieran esto sin dudarlo me enviarían al castigo por tal afrenta a los números, Genoveva, María Rivera, acá nuevamente Irene Alvarado le llamábamos “la Ronca”, mujer de rectitud, que si hablábamos en su clase, nos lanzaba una pequeña tiza que nos caía en el rostro, era tal su puntería; ella me apodo La Mariposa, porque yo no podía estar quieta en el aula, cosa que si hacía en educación física con mis maestras Balvina, Amanda,  Violeta; recuerdo los retos en este curso, ¡horror! era fatal hacer ejercicio, sudar, tener sed, debido a ello hoy soy sedentaria. Mis maestras de labores, Norka Mogollón, con ella aprendí  a coser, renegaba conmigo por mis hilos largos para evitar estar cortando, me decía: Margarita, tú y tus hilos del diablo; Temoche (la Peloncita) me enseño a llevar la contabilidad, taquigrafía, mecanografía, a manejar el teclado de la maquina, tapando todos los tipos de esta, sin ver realizábamos cartas, oficios, hoy todo eso me sirve en mi desempeño como ama de casa. Luego tuve a la profesora Artemisa, quien me enseño a cocinar; hasta hoy tengo la costumbre de preparar el dulce de nombre Tocino. Con Blanca Sánchez aprendí a pintar en tela, en vidrió, en madera, sembrar un hermoso jardín y a danzar. En resumen, mis doce años de educación en mi tierra natal, Talara, fue lo más hermoso que pude obtener en aquellas aulas de madera de pino, de pisos altos pintadas de lindos colores, con sus jardines hermosos, ordenados y limpios, aprendí valores nuevos y reforcé los que recibí de mis padres en casa. Claro que recuerdo a mis maestras de Historia del Perú, Historia Universal, Ciencias Naturales, Geografía, Geopolítica, Psicología, Lógica, Educación por el Arte, Religión, Educación Cívica, el curso que jamás me gusto Inglés a todas ustedes gracias por todo.
Hoy esta reseña va en honor a mis maestros, de aquellos que tuvieron a bien llenar mi vida de conocimiento, de ciencia, fe, trabajo y solidaridad.
¡FELIZ DÍA MAESTRO! pero para aquel que lo ES, no a esos tantos que solo calientan el asiento!!!

Ireth Isildr, 06/07/12; 00:35 - revisado por El Observante 

3 jul. 2012

DIVORCIO JUSTO




-Señor Juez, yo creo que es cierto. Así que voy a aceptar la sentencia de divorcio sin ninguna obligación de parte de mi marido hacia mí. Después de todo, yo podría haber sido una mujer profesional e independiente.
-¿Y por qué usted no se convirtió en una mujer profesional e independiente? ¿Hay alguna razón que se lo impidiera? Le preguntó el juez.
-Realmente, Señor Juez, no había ninguna, fueron decisiones tomadas por mí voluntariamente.
-¿Puede ser más explícita y enumerar las razones que alega?
-Bueno, cuando me casé, yo acababa de graduarme de la secundaria. Mi intención había sido estudiar enfermería, pero no había dinero para pagar los gastos de dos personas estudiando, así que yo le dije a mi esposo que estudiara él y que luego lo haría yo.

-Bien, ¿y qué pasó cuando él se graduó de ingeniero, por qué no estudió usted entonces?
-Pues verá, él me pidió que tuviéramos un hijo, ya que llevábamos cinco años casados y yo accedí a sus deseos.

-¿Y qué pasó después?

-El niño nació, pero mi esposo no quería que lo cuidaran personas extrañas y yo entendí que él tenía razón, pero que con lo que él ganaba no podíamos pagar a otra persona. Así que decidí quedarme en la casa con nuestro hijo.
-¿Y qué sucedió luego, cuando el niño creció, por qué no fue a estudiar?
-Para ese entonces teníamos dos hijos más.

-¿Dos más?

-SÍ, porque después de que tuvimos el primer hijo, mi esposo me pidió tener otro hijo, así que tuvimos el segundo tres años después, pero era otro varón...
-¿Y qué tiene eso que ver?

-No, no había ningún problema, estábamos muy felices, pero mi esposo me dijo que para que la felicidad fuera completa, debíamos tratar de tener una niña...
-¿Y entonces por qué no estudió cuando ella creció?

-Porque no había quién pudiera llevar al mayor a las prácticas de deporte, ni a la escuela, pues el autobús los dejaba muy lejos de la casa.

Así que pensando en su seguridad, mi esposo y yo decidimos que yo les llevaría a la escuela y les recogería. Mi rutina diaria era: dejar al mayor en su colegio, llevar al segundo a la escuela primaria y regresar a casa con la niña para hacer todas las tareas del hogar y preparar todo para la tarde. Después, tenía que ir a recogerlos y dejar al mayor en las prácticas de deporte, mientras llevaba a la niña a clases de ballet.

-¿Entonces, siguió usted retrasando su educación?

-Sí, Señor Juez, pero lo hice de propia voluntad.

-Y cuando sus tres hijos ya no dependieron más de usted, ¿Por qué no regresó a la Universidad?

-En aquel tiempo la madre de mi esposo había enviudado, se enfermó y necesitaba de alguien que la cuidara, así que hablamos del asunto y llegamos a la conclusión que no la íbamos a poner en un hogar de ancianos, sino que la traeríamos a vivir con nosotros.

-¿Y cuánto duró esta etapa? -Bueno, unos seis años. Ella tenía Alzheimer y como la cuidábamos con tanto cariño, ella vivió más que si la hubiéramos puesto en un asilo.

Aunque un día, después de regresar del paseo que todas las mañanas dábamos por el parque, ella murió.

- ¿Y durante todos estos años, había alguien que le ayudara con los niños y su suegra?
-¿Ayudarme...? ¿A qué?

-Pues a limpiar la casa, cocinar… las labores normales de cualquier hogar.
-No, aunque mi esposo ganaba muy buen sueldo, con tres hijos que criar, los gastos de la educación, los gastos de la medicación de su madre y todo, no había suficiente dinero.

Yo trataba de ahorrar, pero claro...

-¿Usted ahorraba...?

-Sí, de alguna manera trataba de reducir los gastos al mínimo, así que en lugar de llevar la ropa de mi esposo y la de mis hijos a la lavandería, la lavaba y planchaba yo en casa.

También yo misma arreglaba el jardín, aunque me costaba mucho, por los problemas de columna, pero siempre hice todo lo que pude para que nuestro jardín estuviera arreglado y hermoso.

-¿Y quién cocinaba, usted?

-Por supuesto, mi esposo odiaba la comida de los restaurantes. Como él tenía que almorzar fuera con sus clientes tantas veces, decía que nada como la comida que yo le preparaba.

-¿Y usted iba a esas comidas con su esposo?

-No, no tenía tiempo... precisamente, fue en una de esas comidas que conoció a Sofía.

-¿Sofía? ¿Quién es Sofía? Su novia, la joven con quien se va a casar cuando arreglemos lo del divorcio.

-¿Y cómo sabe usted que se va a casar con ella?

-Porque me encontré con ellos en casa de unos amigos comunes el día que estaban dando la noticia de su compromiso. El Juez se quedó mirando a la mujer y al ex esposo. Se levantó, tomó la carpeta con todos los datos y se retiró. Todos se quedaron mirándose, mientras se sentaban a esperar que el Juez regresara.

Al cabo de unos minutos el Juez entró en la sala, se sentó, abrió una de sus carpetas y dijo: -Señores he revisado cuidadosamente esta demanda. Y he llegado a las siguientes conclusiones: El divorcio se le adjudica con fecha efectiva a partir de hoy. Y su esposo “NO” tiene que pasarle ningún tipo de manutención.
Al oír estas dos decisiones, el abogado y el ex esposo se miraron sonrientes.
Pero el Juez, continuó diciendo:

-La declaro a usted señora, única dueña de la casa, del Mercedes Benz propiedad de su ex esposo, de la cuenta de ahorros, así como la beneficiaria absoluta de los seguros de vida y planes de retiro de su ex esposo. Además él tiene la obligación de seguir pagando su seguro médico hasta que usted muera.
-Mi decisión se basa en la consideración de que: Sumando los sueldos que usted merece como ama de casa al realizar todas las tareas ya mencionadas y también por todos los cuidados dados a su esposo, hijos y suegra, mi decisión es apenas una retribución parcial de salarios retenidos por los veintiséis años de servicios ininterrumpidos que usted ha prestado.

Como hay que ser objetivos, sabemos que su esposo no podrá cumplir con esta deuda, pero entendemos que pague lo que pague, si bien no será nunca suficiente, por lo menos, será relativamente justo.

Además si usted decide regresar a la universidad a estudiar la carrera que escoja, él pagará por sus gastos de educación, transporte y libros.

“El Señor te exaltará ante los hombres, cuando te pongas a Su disposición con humildad y obediencia”