21 ene 2015

CARNAVALES


Día de San Sebastian, o como le decimos San Chabaco, y creo que le llamamos así porque ese día se inician los Carnavales y los chubascos que nos damos, como no recordar esos hermosos tiempos donde el Carnaval era un juego entre amigos, familia, de respeto, alegría.
Por lo general lo jugábamos los fines de Semana, previo acuerdo entre la familia o los amigos del barrio, algunos decían NO, y se respetaba, ellos se quedaban en los corredores a ver como jugábamos entre nosotros, con agua perfumada con colonia, talcos, pintura, ají color, betún.
Nuestra cuadra era cerrada y ya los vecinos sabían era fin de semana hora de la caída del sol, así que por esa calle no había pase, porque la muchachada estaba jugando, a esa muchachada se unía mi tío Rogelio un señor de tez blanca, de cabello ralo, de sonrisa amplia, y de humor muy pero muy bueno, a él jamás hubo pena que lo derrotara, luego estaba mi mamita (abuela materna) ella siempre con sus vestidos con dos bolsillos grandes donde cabía creo de todo, esos bolsillos era como alforjas o saquitos mágicos, estaba también mi padre, don Niky como todos le conocen él es un señor de tez negra, cabello zambo, creo que a él perdíamos tiempo echándole agua porque jamás su cabeza se le mojaba, por ello mi mamita le decía con cariño mi "cabeza mogosa".
Estaban también mis vecinos Navarro un señor gordo y ñato, él fue músico de la FAP un vecino aveces bueno otras malo, creo como todos, pero él lo demostraba, si ese día no deseaba nada nos mandaba a todos a mal sitio.
Y nosotros los chicos... la tensión para empezar a jugar era tal, era como si fuéramos a una guerra, ver quien lanzaba el primer globo, o el primer chorro de agua con el chisguete, pero siempre era mi mamita, que agarraba a mi tío Rogelio (su hijo) y lo mojaba, seguido le llenaba de talco, un talco que venía en una cajita color rojo, de tamaño diminuto, pienso que era ese tamaño para que caviera en el bolsillo de mi abuela... mi tío Rogelio terminaba con sus ralos cabellos como una masa de pan. Ahí la guerra ya había sido declarada, se empezaba con -Niky me permites un carnavalito-, y mi padre ni corto ni perezoso respondía - SI-, pero un sí venía acompañado de un baldaso de agua, se escuchaban las risas de los que no participaban del juego, y los gritos cógelo, cógelo... porque aquel que lanzaba agua se echaba a correr, era un juego que se convertía en maratón, si porque debíamos correr para atrapar al que nos había lanzado el agua,  y eso si a la hora que lo cogíamos uuuuuuuu pobre de él, terminaba hecho un desastre, mojado, pintado, enharinado, era un grito de guerra al ver al derrotado.
Una vez todos los que habíamos jugado estábamos como hombres de guerra camuflados, nadie sabia quien estaba detrás de toda esa mezcla de talco, pintura, betún, anilina, agua. Sólo se sentía las risas de los chicos y el salud de los adultos, una vez terminado el juego, cada quien a su casa para limpiarse, cambiarse, ir a misa de San Sebastian, y luego a sentarnos en la frontera de la casa para conversar todo lo vivido en ese día, como no tener grandes amigos, si a pesar de la distancia y el tiempo, uno aun les recuerda.
Hoy se da inicio a los carnavales, así que mis amigos - Me permiten un carnavalito.